Introducción.
La adolescencia es un periodo crítico donde la identidad,
las relaciones interpersonales y el desarrollo físico se entrelazan de manera
compleja. En este contexto, las actitudes y comportamientos hacia la
alimentación pueden verse influidos por factores psicosociales, culturales y
cognitivos.
Para llevar a cabo esta investigación, se empleó un estudio
cuantitativo con un diseño No experimental, transversal, descriptivo. Se recopiló información de 40 adolescentes mujeres de una secundaria del estado de México a través de los instrumentos
estandarizados “Inventario de pensamientos automáticos Ruiz y Luján (1991)” que evalúa distorsiones cognitivas y “Cuestionario
breve de conductas alimentarias de riesgo Unikel et al (2000)” que evalúa conductas
alimentarias de riesgo. La muestra utilizada fue no probabilística de tipo intencional.
Los resultados revelaron la presencia de distorsiones
cognitivas en la mayoría de los participantes adolescentes. Estas distorsiones
estaban estrechamente asociadas con una mayor probabilidad de adoptar conductas
alimentarias de riesgo.
Antecedentes.
Los Trastornos de conducta alimenticia en la historia.
La anorexia y la bulimia aparecen descritas como cuadros
clínicos desde finales del siglo XIX sin embargo hay casos documentados en el
siglo XVII entre sus consecuencias físicas es que pueden derivar en
desnutrición, afecciones cardiacas y la muerte. Siglo IX, un monje
de Monhein (Baviera), refiere la milagrosa curación de la
joven Friderada, que, tras un período de apetito voraz, deja de comer
por completo, vomita los lácteos que ingiere y finalmente es curada por Santa
Walpurgis. Liberata (Santa Wilgefortis), utilizo la
restricción alimentaria como rechazo por haber sido obligada a contraer
matrimonio con el rey moro de Sicilia. Catalina de Siena, 1347
alimentación a base de hierbas (laxantes) y pan, dejo de alimentarse y
murió. Se cuenta con la hipótesis que Santa Juana de Arco, pudo padecer
anorexia. Así como también Sor Juana Inés de la Cruz, sufrió anoréxica
restrictiva. En el Siglo XVII, el médico inglés Richard Morton
describe el caso de Miss Duke como Anorexia Nerviosa, en A Treatise of Compsumptions,
en 1689. Asimismo, el concepto de ayuno se encuentra asociado en
muchas religiones a la purificación. (Casabes, 2020; Contreras.
2007).
Hacia 1870 se identifican las primeras pacientes con
anorexia cuyo nivel sociocultural era alto y la edad de ellas era joven, su
trastorno se caracterizaba por rechazo a los alimentos debilidad y llanto,
considerando que era un problema en el que ellas elegían la no ingesta de
manera superficial (Ayuzo-del Valle y Covarrubias-Esque, 2019).
A decir de Garnet et al (1983) la detección temprana de
distorsiones cognitivas es un elemento clave en la prevención de los trastornos
de la conducta alimentaria desde la década de 1970 donde, investigadores como
Cristofer Fairbund y David M Gardner desarrollaron cuestionarios y
herramientas para la evaluación e identificación de los patrones de pensamiento
distorsionados que se relacionan con la alimentación y la imagen corporal.
Dichos instrumentos permitieron a los psicólogos clínicos de
la época la evaluación de la presencia de distorsiones cognitivas en
poblaciones consideradas de alto riesgo.
Enfoque en la terapia cognitivo conductual.
Desde la década de los 90s la terapia cognitivo conductual
se ha considerado como el enfoque más adecuado para el tratamiento de los
trastornos de la conducta alimentaria ya que esta se centra en la
identificación y modificación de las distorsiones cognitivas que se presentan
en los trastornos alimentarios tal y como lo describe Fairburn et al (1993) en
su estudio donde demuestra que la eficacia de la TCC en la reducción de
distorsiones cognitivas era la más adecuada y prevenía de recaídas en pacientes
con bulimia nerviosa.
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