La etapa de la adolescencia es una etapa de cambios muy significativos en la población de esta edad en diferentes ámbitos como son: el desarrollo físico, cognitivo y la autoimagen.
A decir de Unikel
et al., (2017) y Carolina y Treasure (2011) a la adolescencia se le considera un factor de riesgo individual
debido a que es una etapa de vulnerabilidad para presentar Conductas
Alimentarias de Riesgo (CAR) que si no son tratadas a tiempo pueden derivar en
un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA) ya que, se considera que los
cambios relacionados con la transición de la infancia a la vida adulta así como
el incremento de las responsabilidades no van a la par de la madurez suficiente
para poder enfrentarlas y por eso en esta etapa del desarrollo se presenta el
mayor número de apariciones de TCA en comparación con otras.
Según Cueto et al
(2021), las CAR se definen como acciones que las personas realizan para
controlar el peso corporal siendo estas acciones poco saludables. Ejemplos de
CAR son: dietas restrictivas, atracones, ayunos prolongados, salto en el tiempo
de las comidas, autoinducción del vómito, ingesta de laxantes entre otras.
Estas conductas pueden derivar en TCA que significan alteraciones en el
comportamiento de la alimentación que provocan una mala absorción de nutrientes
la cual causa un deterioro en la salud física de la persona que lo presenta,
así como mal funcionamiento en el ámbito psicosocial de una manera
significativa que puede desencadenar otros trastornos como depresión y ansiedad
y que en conjunto pueden ocasionar hasta la muerte.
En México de
acuerdo con la Secretaría de Salud (2017) cada año se registran cerca de 20 mil
casos de anorexia y bulimia siendo la población juvenil de entre 15 y 19 años
la más afectada.
Estudios hechos en
Estados Unidos por la National Comorbidity Survery Replication (Unikel et al,
2017) señalan que en una muestra representativa de jóvenes mayores de 18 años
la anorexia tiene una prevalencia mayor en mujeres que en hombres por lo que se
considera que se presenta en este género en una proporción mayor.
En esta etapa tan
importante del desarrollo surge la necesidad de la detección de distorsiones
cognitivas que puedan derivar a conductas de riesgo en el plano de la
alimentación, las cuales pueden llevar a los adolescentes a tener un trastorno
de la conducta alimentaria por lo que hacer un diagnóstico y una intervención
adecuada a tiempo es crucial.
Hoy en día, gracias
a la "cultura de la belleza” y el lucir un "cuerpo fitness" que
sea bien aceptado por los cánones impuestos por la sociedad y que se arraiga en
la cultura y estilo de vida es que mujeres adolescentes en esta etapa se ven
mayormente afectadas debido a que reciben una gran presión social que influye
en su autopercepción y el desenvolvimiento en su entorno (Gaete & López,
2020).
De acuerdo con
Unikel et al (2017) el hecho de interiorizar el ideal estético de la delgadez
es un reflejo del grado de la valoración que tiene una persona de las imágenes
socialmente estructuradas de la belleza como lo es este atributo haciendo de
él, un estereotipo de la belleza, el cual, promueve una insatisfacción
corporal, el afecto negativo, así como el uso de dietas restrictivas.
Es por eso por lo
que en una cultura donde hay un rechazo hacia la obesidad y una idealización
extrema de la delgadez las mujeres tienen un riesgo mayor de desarrollar un
TCA.
Es por ello que se
considera que este estudio es de gran relevancia ya que permitirá
identificar distorsiones cognitivas que se asocien
a conductas alimentarias de riesgo en esta comunidad estudiantil
con el objetivo de identificarlas para hacer una adecuada
prevención de posibles Trastornos de la conducta alimentaria (TCA) y de
los daños que estás puedan causar .
Se considera que
los beneficiados directamente serían las adolescentes que pertenecen a una
escuela secundaria en el Estado de México ya que estudios realizados con
anterioridad han revelado que hay una necesidad de establecer vías de
intervención para el manejo integral de estas distorsiones cognitivas que
deriven en conductas de riesgo alimentarias para presentar un
TCA.
Será a través
del conocimiento de los resultados que de este estudio deriven que las
autoridades, maestros y padres de familia correspondientes, tomen decisiones
acerca de las medidas preventivas y posibles intervenciones que las
adolescentes requiera.
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